La llegada de los cartagineses acarreó que el sur de la Península Ibérica se convirtiera en un escenario del enfrentamiento con Roma, la gran potencia que le diputaba la hegemonía en el Mediterráneo. Tras la batalla de Ilipa, (se barajan dos localizaciones, Alcalá del Río o Carmona) en el año 206 antes de Cristo, los romanos consolidaron el control de estos territorios.
El historiador romano Tito Livio escribió: “Bajo la dirección y auspicios de Escipión, fueron expulsados de Hispania los cartagineses en el décimo año del comienzo de la guerra y quinto después de que Escipión recibió la provincia y el ejercito”. Esta era el comienzo de la historia de la Sevilla Romana.
Escipión el Africano, como costumbre, dejó parte de su ejército y estableció a los heridos en una ciudad a la que llamó Itálica, muy cerca de Sevilla capital.
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- Itálica, espejo de Roma
Un alarde de orgullo romano y cuna de dos emperadores
- Écija, la Astigi romana
Capital de un convento jurídico, uno de los cuatro en los que se dividía la Bética
- Carmona, la próspera y fuerte Carmo
Fue una ciudad de primer orden durante los siglos I y II d. C.
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