Plaza de Capuchinos y cuesta del Bailío

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Conocida también como plaza de los Dolores o del Cristo de los Faroles. Es este uno de los espacios más típicos y castizos de la ciudad. Su origen se remonta al siglo XVII, momento en el que se emprenden las obras de la iglesia conventual del Santo Ángel, construyéndose más tarde la Iglesia de los Dolores.

El centro de la plaza lo ocupa la imagen del Cristo de los Faroles o Crucificado de la Agonía, imagen esculpida en piedra de finales del siglo XVIII, que ocupa su centro. Recibe este nombre por estar rodeado de unas singulares lámparas de hierro forjado, a cuyos pies recibe innumerables ofrendas de los fieles en forma de cirios y flores.

El monumento fue erigido por la devoción de los Padres Capuchinos que dan nombre a la plaza. Por la noche al encenderse, reflejan la silueta de la imagen en la sobriedad marmórea de las paredes conventuales y de la iglesia, creando un efecto digno de admirar.

Plaza indefinible, encalada, de estremecedora simplicidad, con un silencio palpitante que conmueve al espectador, sobre todo si se visita en una noche clara. La imagen del Cristo junto con la de la Virgen de los Dolores, que procesiona en Semana Santa por el casco histórico entre grandes muestras de veneración, goza de gran popularidad entre cordobeses y foráneos.

La cuesta del Bailío era una de las entradas de la muralla que comunicaba el barrio de la Medina con el de la Axerquía, dos de los barrios en los que se dividía tradicionalmente la ciudad antigua. Es una cuesta escalonada cuyo pavimento nos muestra la típica labor en chino cordobés que a través de la disposición de cantos rodados, crea bellas figuras decorativas de gran variedad, que pueden verse a través del recorrido por todo el casco histórico de la ciudad.

Durante la Semana Santa, es uno de los lugares privilegiados para contemplar los distintos recorridos procesionales que por ella transcurren, que hacen un itinerario de gran dificultad pero de gran belleza y plasticidad.

En la cuesta del Bailío se encuentra la sede de la biblioteca viva de Al- Andalus, situada en el que fuera palacio de los Fernández de Córdoba, con una bella fachada entre el gótico y el renacimiento, atribuida a Hernán Ruiz II.

Su construcción surge del repartimiento que llevó a cabo Fernando III cuando conquista la ciudad en 1236 tras la expulsión de los musulmanes cordobeses.Entre sus paredes se guardan numerosos textos de la época dorada de Al- Andalus. El objeto de la biblioteca es dar a conocer, desde un edificio emblemático de Córdoba, la aportación de la cultura clásica andalusí a la cultura universal, caracterizada por el diálogo y entendimiento entre judios, cristianos y musulmanes.

La Cuesta del Bailío desemboca en la calle Alfaros, desde donde se puede continuar distintos itinerarios por el barrio de la Axerquía.

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