El Puente de Triana

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Puente de barcas

A lo largo de la historia siempre se desechó la idea de construir un puente en el trayecto del río que va desde Sanlúcar de Barrameda hasta Córdoba, a su paso por Sevilla. Los motivos no eran otros que las dificultades que entrañaba la cimentación, pues decian los expertos que eran tierras demasiado blandas y arenosas.

Los árabes en el año 1171 colocaron un puente de tablones sobre trece barcazas, amarradas con cadenas. Este sistema permitía el paso de los carruajes, pero resultaba muy costoso su mantenimiento, ya que eran constantes los desperfectos que sufría debido a las crecidas del río.

Hubo varios intentos de colocar uno más estable y acorde con el trasiego que había entre las dos orillas. En el siglo XVI, cuando Sevilla era una de las ciudades más importantes de Europa, el Cabildo local estudió varios proyectos, pero ninguno se hizo realidad hasta llegada la época industrial, en que se acometió definitivamente la construcción del puente deseado durante tantos años.

El Puente de Isabel II

El proyecto fue realizado por los ingenieros franceses Gustavo Steinacher y Fernando Bernadet y su diseño es muy similar al Puente de Carrousel de París, ya desaparecido (en la galería de imágenes te ofrecemos una fotografía de este puente).

Realizado con hierro fundido, está articulado en tres grandes arcos sustentados por dos pilares y dos estribos en los extremos del puente y éstos, unidos mediante cinco cuchillos o vigas enlazadas entre sí, sobre las que se apoyan los característicos anillos de distitntos tamaños que aguantan la  plataforma.

Una de las condiciones que se pusieron para su ejecución fue que las piezas de fundición se ejecutaran en Sevilla, concretamente en los talleres de los Hermanos Bonaplata. El nuevo puente se inauguró el 23 de Febrero de 1852, después de siete años de obras.

El puente estuvo a punto de desaparecer en el año 1974, cuando el Ministerio de Obras Públicas remitió un proyecto para colocar otro más actual, pero gracias al Colegio de Arquitectos de Sevilla y a la Comisión de Patrimonio Histórico-Artístico de la Provincia, hoy podemos cruzarlo sabiendo que es uno de los emblemas más señeros de la ciudad. No tardó mucho en formar parte del Patrimonio con su Declaración como Monumento Histórico Nacional en abril de 1976.

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Antes de abandonar el puente de Triana y teniendo como testigo a la Capillita del Carmen, está el Bar Restaurante Faro de Triana, con increibles vistas de Sevilla con el río Guadalquivir como referente. Ofrece un gran surtido de tapas y raciones como el tradicional "pescaíto frito", carnes y sabrosas chacinas de la sierra, acompañados por una buena carta de vinos.

El Hotel Puerta de Triana, de tres estrellas, está totalmente renovado. Se encuentra en la calle Reyes Católicos, a un paso de la zona monumental y comercial más importante de Sevilla. Sus 68 habitaciones están dotadas con el confort necesario para garantizarle un buen descanso que, unido al trato personal, harán que su visita sea inolvidable.

 

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