El Generalife

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Los reyes musulmanes de Granada necesitaban un refugio para el descanso, un sitio que los aislara de las constantes intrigas palaciegas, de la lucha hostigante de los castellanos, de las envidias y también de los celos de unos cuantos reyezuelos, hermanos en la fe, que intentaban venderse a la cruz denigrando las enseñanzas del Profeta a cambio de mantenerse en sus exiguos reinos.

Los  nazaríes construyeron entre los siglos XII y XIV, un lugar con ricos huertos y vistosos jardines con estanques y fuentes de frescas y transparentes aguas, un espacio exclusivamente para que el alma contemplase las misericordias de Alá. Ese lugar en la Alhambra era El Generalife, la almunia perfecta, el paraíso del reposo y el placer, lo más parecido al cielo prometido tras morir en la Jihad, en la Guerra Santa contra los infieles.

"Quienes obedezcan a Alá y a Su Enviado, Él les introducirá en Jardines regados por aguas vivas, en los que morarán eternamente". Corán (sura 4, aleya 13)

Una almunia vigía

Como el terreno era encrespado, lo adaptaron y compartimentaron a base de bancales conocidos como: "Colorada”, “Grande”, “Fuentepeña” y “Mercería”. Desde estas atalayas hortelanas podían vigilar sin ser vistos y les podían proporcionar alimentos si sufrían un largo asedio. En sus aledaños también criaban caballos y otros animales de granja.

Jardines del Alarife

La denominación de Generalife ha tenido diversas interpretaciones a lo largo de su historia, desde “Jardín” o “Huerta del Zambrero”, “El elevado jardín”, “Casa recreo”, “Mansión de placer” y “Jardín del citarista”. Hoy el más aceptado es la de Jardines del Alarife, es decir, del constructor o arquitecto.

Tras la conquista en 1492, los Reyes Católicos concedieron la finca a un alcaide para su custodia y aprovechamiento. Dicha alcaidía pasó a perpetuidad a partir de 1631 a la familia Granada-Venegas, hasta que después de un largo pleito iniciado en el siglo XIX, se incorporó al Estado en 1921.

Varios eran los accesos que tenía en su origen, quedando testimonio de al menos tres de ellos. El más directo comunicaba la Almunia del Generalife con la Alhambra a través de las huertas. Otro acceso era la entrada por el portón donde vivían los hortelanos y que aún se conserva junto al Pabellón de Entrada. Y el tercero, por el Postigo de los Carneros, en la zona más alta de la finca. Sin embargo, hoy se accede al itinerario oficial ente una serie de paseos de cipreses, trazados con motivo de la visita de Isabel II en 1862.

La entrada al edificio del Generalife presenta una curiosa dualidad. De un lado su apariencia externa tiene un indudable carácter rural, que lo asemeja más a un cortijo que a un recinto palaciego; de otro, el acceso mediante la sucesión de dos patios a distinto nivel, como pasos previos al espacio palaciego, lo emparienta de forma clara con el acceso al propio palacio de la Alhambra.

Las huertas situadas al sur del palacio, entre el camino de los Cipreses y el paseo de los Nogales, se comenzaron a transformar en jardines hacia 1930.

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