Un ataque de ingleses y holandeses en el siglo XVI a Cádiz con consecuencias funestas para la defensa española, hizo que el rey Felipe II promulgara, en Octubre de 1597, una Real Cédula que ordenaba la construcción de este castillo, que años más tarde, serviría de modelo para otros levantados en las colonias americanas.
El proyecto, realizado por el ingeniero militar Cristóbal de Rojas, contó con un presupuesto de cien mil ducados. Se inició su construcción en febrero de 1598 y finalizó en Septiembre de 1621. Una lápida colocada en la puerta de acceso inmortaliza estas fechas.
Obra maestra de la ingeniería militar
El Castillo de Santa Catalina, ubicado en la Playa de la Caleta, constituye una verdadera obra de ingeniería militar, ya que fue diseñado para que sus distintos elementos y espacios defensivos constituyeran también una defensa psicológica, que permitiera a sus defensores fortalecerse ante los asaltantes. Este método ya era utilizado por los griegos.
Tiene planta pentagonal. Originalmente su distribución interna se estructuraba en varias zonas: cuarteles para la tropa, pabellones, almacenes y aljibe para el agua potable.
La zona que linda con el mar está ideada como una estrella de tres puntas y la parte de tierra está constituida por un muro donde se ubica una puerta de acceso, flanqueada por dos baluartes y foso con puente estable y levadizo.
En el año 1693 se construyó en el patio una capilla por orden del rey Carlos II, ultimo rey de la dinastía de los Austria dedicada a la Purísima Concepción y a Santa Catalina. Esta pequeña iglesia estaba destinada a atender religiosamente a los defensores de la fortaleza. Consta de una sola nave cubierta con bóveda de cañón, un coro de reducidas dimensiones, una espadaña y un retablo donde está ubicada la imagen de la santa.
De prisión especial a centro de cultura
El importante valor estratégico del castillo se fue perdiendo con el paso de los años, a la vez que iban surgiendo nuevos usos para el castillo, muchos de los cuales no se llevaron a cabo.
Carlos III en el año 1769, lo adaptó como cárcel militar para prisioneros de mejor condición social. Aún se pueden visitar las mazmorras donde muchos liberales e independentistas americanos estuvieron prisioneros en el siglo XIX, como el mariscal mejicano D. José Mariano de Abasolo en el año 1816.
Actualmente ha sido restaurado, dedicándose tres salas a exposiciones con contenidos variados y otra como museo permanente de una Muestra sobre el mar.
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